Jardín De Belladonas
Mi hermana mayor siempre fue muy dormilona; amaba tanto dormir que mis papás l...
arrow_forward LeerCuando dos caminos chocan
y el orgullo levanta muros,
no siempre existe un culpable,
ni una verdad que venza a la otra.
A veces el dolor nace
de palabras que no comprendimos,
de heridas que respondieron heridas,
de silencios que dijeron demasiado.
Entonces, antes de señalar,
conviene detener el juicio
y mirar de frente las acciones
que ambos dejamos en el camino.
Porque asumir las consecuencias
no significa cargar con toda la culpa,
sino reconocer con humildad
la parte que nos corresponde.
Que ninguno se esconda
detrás de su propia versión,
ni convierta su dolor
en sentencia contra el otro.
Que exista comprensión
donde antes hubo reproches,
y conciencia donde el orgullo
solo quería tener razón.
Pues resolver un conflicto
no es decidir quién perdió,
sino comprender qué ocurrió
y qué debe aprender cada corazón.
Cuando dos personas aceptan
el peso de sus propios actos,
el pasado deja de ser un arma
y comienza a convertirse en aprendizaje.
Y quizá entonces comprendamos
que la justicia más profunda
no consiste en castigar al otro,
sino en hacernos responsables
sin prejuicio, sin venganza
y con la voluntad de sanar.
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