Lucia Reyes

Biografía

Intentando No Volverme Loca

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Intentando No Volverme Loca

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Capítulo 1 — Una niña alegre y feliz

Era una niña alegre y feliz. Tenía esa forma de mirar la vida que tienen los niños cuando todavía no conocen las preocupaciones de los adultos.

Me gustaba reír, jugar y disfrutar de las pequeñas cosas. Mi infancia tenía momentos que, con el paso de los años, se han quedado guardados en mi memoria.

Entonces no podía imaginar todo lo que la vida me tenía preparado. Yo solo era una niña que quería ser feliz, vivir aventuras y descubrir el mundo.

Capítulo 1 — Una infancia entre carencias

Era una niña alegre y feliz, pero cuando pienso en mi infancia, tengo pocos recuerdos bonitos de mis padres.

Mis padres discutían mucho. Aquellas discusiones formaban parte de nuestra vida y, aunque yo era pequeña, seguramente entendía mucho más de lo que los adultos imaginaban.

Vivíamos en un campo, en una casa sin luz y sin agua. No teníamos las comodidades que tenían otros niños, pero yo encontraba mi manera de ser feliz.

Jugaba con mi hermano y pasaba mucho tiempo con él. Cuando mis padres se iban a trabajar, yo me quedaba cuidándolo. Era pequeña, pero poco a poco fui aprendiendo a ocuparme de él y a asumir responsabilidades que quizás no correspondían a una niña de mi edad.

A pesar de todo, tenía momentos en los que conseguía olvidarme de las dificultades. Mi hermano y yo jugábamos juntos y, en medio de aquella vida sencilla, encontrábamos nuestra propia forma de divertirnos.

Ahora, cuando miro hacia atrás, pienso en aquella niña y me doy cuenta de que, aunque le faltaron muchas cosas, tenía algo muy importante: seguía teniendo ganas de jugar, de reír y de ser feliz.

Capítulo 1 — Mi hermano y yo

Cuando mis padres se iban a trabajar, muchas veces me quedaba cuidando de mi hermano. Yo era pequeña, pero tenía que hacerme responsable de él.

Recuerdo que algunas veces tenía que dejarlo durmiendo para irme en bicicleta dos o tres kilómetros hasta un bar de carretera. Allí me calentaban su potito y después yo volvía en bicicleta hasta casa. Cuando llegaba, lo despertaba y le daba de comer.

Ahora, cuando lo pienso, me parece increíble que siendo tan pequeña tuviera que hacer aquellas cosas. Pero entonces para mí era simplemente lo que tenía que hacer.

Mi hermano, además, era muy travieso. Le encantaba asustarme con todo tipo de animales: murciélagos, cucarachas, serpientes, culebrillas, lagartijas... Siempre encontraba alguna manera de hacerme pasar miedo.

A veces conseguía que tocara algún animal solo para después reírse de mí. Y yo me enfadaba, claro, pero al final también terminaba riéndome con él.

Éramos dos niños creciendo juntos en aquel campo, con muy pocas cosas, pero inventándonos nuestros propios juegos. Y aunque mi infancia tuvo momentos difíciles, cuando recuerdo a mi hermano también recuerdo muchas risas.

Quizás aquellos momentos fueron algunos de los recuerdos más bonitos que tuve de mi infancia.

Capítulo 2 — La separación de mis padres

Después llegó la separación de mis padres.

Para mí fue muy duro. Yo era una niña y, durante aquella época, vi y viví muchísimas cosas que todavía recuerdo. Hay momentos de la infancia que, aunque pasen muchos años, se quedan dentro de nosotros.

Después de la separación, descubrí algo que nunca había imaginado: tenía un hermano y yo no lo sabía.

Mi padre había estado con otra mujer y tenía un hijo con ella. Aquello fue un descubrimiento muy difícil para mí, porque de repente apareció una parte de mi familia que hasta entonces había desconocido.

Con el tiempo, mi padre volvió con aquella mujer y reconoció a su hijo.

Para mí fue difícil entender todo aquello. Yo era una niña y tenía que asimilar que mi familia había cambiado, que mis padres ya no estaban juntos y que, además, existía un hermano del que nunca había sabido nada.

Fueron muchas cosas para una niña pequeña.

Y aunque entonces quizá no podía poner palabras a todo lo que sentía, aquellas experiencias fueron dejando huella en mí.

Capítulo 3 — Cambiar de casa

Cuando mis padres se separaron, mi hermano y yo nos fuimos a vivir con mi madre.

Durante un tiempo estuvimos con ella, pero después de unos dos años llegó otro cambio que para mí fue muy doloroso. Mi madre no podía mantenernos y terminó dándole la custodia a mi padre.

Así fue como tuve que irme a vivir con mi padre y con su mujer.

Para mí aquello fue muy difícil. Era una niña y dejaba atrás la vida que conocía para irme a una casa nueva, con mi padre y con una mujer con la que nunca llegué a sentirme querida.

Yo sentía que ella nunca me quiso y que nunca me cuidó como una niña necesitaba que la cuidaran.

Lo pasé muy mal durante aquella etapa. Había cosas que un niño no debería tener que soportar, y yo tuve que aprender a seguir adelante con lo que tenía.

Muchas veces me sentí sola, incluso estando acompañada.

Pero aquella niña que había aprendido a cuidar de su hermano y a salir adelante en medio de las dificultades seguía ahí. Y, aunque entonces no lo sabía, todo aquello también iba a formar parte de la mujer en la que me convertiría.

Capítulo 4 — Sentirme fuera de mi propia familia

Vivir con mi padre y su mujer fue una etapa que recuerdo con mucho dolor.

Ella no quería que estuviéramos con mi padre. A mí me decía que, como me viera sentada con él, me iba a enterar. Así que muchas veces mi hermano y yo terminábamos pasando el tiempo en la calle, para no molestar dentro del piso.

También sentíamos que no recibíamos el mismo trato que su hijo. Incluso con algo tan básico como la comida, yo veía diferencias entre nosotros.

Llegó un momento en el que ella se negaba a lavar nuestra ropa y me hacía lavarla a mano, tanto la mía como la de mi hermano. Yo era una niña y tenía que ocuparme de cosas que eran responsabilidad de los adultos.

Pero quizá una de las cosas que más me confundían eran las cosas que nos decía sobre nuestra madre.

Nos hablaba mal de ella y nos contaba cosas que yo después intentaba entender. Cuando se las contaba a mi padre, él me decía que era mentira.

Yo no sabía a quién creer.

Era demasiado pequeña para comprender los problemas de los adultos, pero estaba en medio de ellos. Escuchaba una versión, después otra, y no sabía qué era verdad y qué no.

Lo único que sabía era cómo me sentía: sola, confundida y poco querida.

Y, aun así, seguía adelante. Por mi hermano y también por mí.

Capítulo 5 — Cuando empecé a tener miedo

Mi hermano y yo dormíamos juntos en una habitación. Hasta entonces, dentro de todo lo que estábamos viviendo, mi hermano pequeño era mi compañía y mi refugio.

Pero después empecé a tener miedo.

Mi otro hermano, el hijo que mi padre había reconocido después de la separación, comenzó a comportarse conmigo de una manera que yo no entendía y que me hacía sentir incómoda y asustada. Me espiaba mientras me duchaba, intentaba tocarme y entraba en mi habitación.

También me hacía participar en juegos que para mí dejaron de ser juegos. Yo era una niña y no sabía cómo defenderme ni cómo explicar exactamente lo que estaba pasando. Muchas veces intentaba protegerme como podía.

Recuerdo que incluso le decía a mi hermano pequeño que se callara, diciéndole que solo quería asustarme. Yo intentaba quitarle importancia delante de él, quizá porque tenía miedo y no sabía qué otra cosa hacer.

En una ocasión me hacía jugar con el ordenador mientras intentaba tocarme. Yo apenas era una niña.

Intenté contárselo a mi padre. Intenté que alguien entendiera lo que me estaba pasando.

Pero mi padre no me creyó.

Me decía que estaba loca.

Aquello fue todavía más doloroso. No solamente tenía miedo de lo que estaba ocurriendo, sino que además sentía que nadie me escuchaba ni me protegía.

Yo era una niña intentando pedir ayuda y, en lugar de sentirme protegida, empecé a sentir que quizá nadie iba a creerme.

Durante mucho tiempo llevé dentro todo aquello.

Y hoy, mirando atrás, sé algo que aquella niña no podía saber entonces: yo no estaba loca. Yo estaba pidiendo ayuda.

Capítulo 6 — Volver con mi madre

Con el tiempo, finalmente me fui a vivir con mi madre.

Recuerdo que cuando empecé el instituto ya tenía problemas psicológicos. Era muy joven, pero dentro de mí llevaba muchas cosas que no sabía cómo explicar ni cómo afrontar.

Al volver con mi madre sentí que empezaba otra etapa de mi vida. Dejé de hablar con mi hermano. No quería tener relación con él y preferí guardar silencio.

Mi padre siempre me preguntaba por qué nunca le hablaba, por qué había dejado de relacionarme con mi hermano.

Pero yo nunca le contaba la verdadera razón.

No podía.

Durante muchos, muchos años hice lo mismo: callar.

Guardé todo aquello dentro de mí y continué con mi vida intentando hacer como si nada hubiera pasado.

Pero hay cosas que una persona puede callar durante años y que, aun así, siguen viviendo dentro de ella.

Yo era aquella niña que había aprendido demasiado pronto a cuidar de su hermano, a aguantar situaciones difíciles y a no molestar.

Y ahora empezaba a crecer llevando conmigo secretos y recuerdos que nadie conocía.

Capítulo 7 — La chica del deporte

Siempre fui una chica que físicamente iba más atrasada que mis amigas. Mientras ellas empezaban a cambiar y a vivir ciertas etapas antes que yo, yo todavía me sentía diferente.

Pero, curiosamente, eso no hizo que fuera una chica apartada. Al contrario. Siempre he sido bastante popular.

Desde pequeña me gustaba muchísimo hacer deporte y llegué a estar federada. El deporte era una parte muy importante de mi vida. Tenía fuerza, energía y me encantaba competir.

Los niños siempre querían jugar conmigo. Incluso recuerdo que, cuando estaba en el instituto, en las pruebas físicas muchas veces las hacía con los chicos en lugar de con las chicas.

En el deporte me sentía fuerte. Era un lugar donde podía ser yo misma, donde no importaba tanto todo lo que llevaba dentro.

Pero llegó un momento en que empecé a salir y mi vida comenzó a cambiar.

Empezaron las primeras salidas, los amigos, las nuevas experiencias... y también llegó el tabaco y el alcohol, cosas que hasta entonces no formaban parte de mi vida.

Poco a poco fui dejando el deporte.

Sin darme cuenta, estaba dejando atrás una de las cosas que más me habían hecho sentir bien.

Capítulo 8 — Mi primer amor

Empecé a salir con mis amigas de toda la vida por las discotecas del pueblo. Era una época de descubrir cosas nuevas, de salir, reír y empezar a vivir de una manera diferente.

Hasta que, con 17 años, conocí a mi primer amor.

Él era diez años mayor que yo. Su vida era muy diferente a la mía y estaba metido en el mundo de las drogas. Era toxicómano y se dedicaba a la venta de estupefacientes.

A pesar de todo, yo estaba enamorada.

Con el paso de los años, lo metieron en prisión. Durante ese tiempo seguí vinculada emocionalmente a él y llegué a quedarme embarazada después de uno de nuestros vis a vis.

Cuando mi padre se enteró, lo pasó muy mal. Quería que abortara. Yo, en cambio, no quería hacerlo. Quería tener a mi bebé.

Pero la vida decidió por mí.

A los cuatro meses perdí el embarazo.

Fue algo muy duro para mí. Era muy joven y aquella pérdida me marcó profundamente.

Con el tiempo, sin embargo, he llegado a pensar que aquella pérdida, por dolorosa que fue, terminó siendo lo mejor que me pudo pasar en la vida.

En aquel momento no podía entenderlo. Solo podía sentir el dolor de haber perdido a mi bebé.

Pero la vida todavía tenía muchas cosas preparadas para mí.

Capítulo 9 — Alejarme para poder respirar

Después de perder el embarazo, mi vida cambió todavía más.

Mi novio no dejaba de molestarme. Me decía que yo solamente era para él y cada vez sentía más necesidad de alejarme de aquella situación.

Al final tuve que irme a vivir a Andalucía para intentar que se olvidara de mí y poder empezar de nuevo.

Para mí fue muy duro. Era muy joven y ya llevaba demasiadas cosas a mis espaldas. Había perdido un embarazo, había vivido una relación complicada y ahora tenía que marcharme lejos de mi familia y de todo lo que conocía.

Pero fue durante aquella época cuando siento que empezaron realmente mis problemas psicológicos.

Todo lo que había vivido desde niña, todo aquello que durante tantos años había guardado en silencio, empezó a pesar cada vez más.

Hasta entonces había intentado seguir adelante como si pudiera con todo.

Pero llegó un momento en el que ya no podía esconder lo que llevaba dentro.

Yo todavía no sabía cómo llamarlo ni cómo explicarlo. Solo sabía que algo dentro de mí había cambiado.

Y esa fue otra etapa de mi vida que tuve que aprender a atravesar.

Capítulo 10 — Volver a Mallorca

Mi vida en Andalucía, a pesar de todo lo que llevaba vivido, fue muy bien.

Me lo pasé muy bien y pasaba muchísimo tiempo con mi prima. Necesitaba aquellos momentos de tranquilidad, de compañía y de sentirme querida. También tuve un pequeño amor pasajero, algo que duró poco, pero que forma parte de aquella etapa.

Con el tiempo tuve que volver a Mallorca porque necesitaba trabajar y continuar con mi vida.

Y allí conocí a mi segundo amor.

Estuve cuatro años con él.

Al principio no podía imaginar lo que iba a vivir. Pero aquella relación terminó convirtiéndose en una de las etapas más duras de mi vida.

Empecé a sufrir maltrato psicológico y físico. Fue algo increíblemente duro. Hubo momentos en los que llegué a pensar que me iba a morir.

Mi mundo empezó a romperse poco a poco.

Todo aquello terminó afectándome profundamente y llegué a tener mi primer ingreso en psiquiatría.

Fue entonces cuando comprendí que ya no podía seguir fingiendo que podía con todo.

Había pasado gran parte de mi vida intentando ser fuerte, intentando aguantar y guardando dentro de mí cosas que me habían hecho daño.

Pero aquella relación llevó todo al límite.

Y mi primer ingreso en psiquiatría fue el momento en el que quedó claro que necesitaba ayuda.

Capítulo 11 — Una oportunidad para empezar de nuevo

Cuando me ingresaron en psiquiatría, empezaron a darme medicamentos muy fuertes. Recuerdo aquella época como un momento especialmente difícil de mi vida.

Un día vino mi padre a verme. Recuerdo perfectamente que me dio un sobre.

Cuando lo abrí, encontré un billete de avión.

Mi padre había decidido mandarme a Granada para que pudiera recuperarme y, sobre todo, para que pudiera estar lejos de aquella persona y de todo lo que me estaba haciendo daño.

Aquello significaba alejarme de Mallorca, de aquella relación y de una vida que en ese momento me estaba destruyendo.

Y así fue.

Me fui a vivir a Granada durante un año.

Aquel año supuso un cambio en mi vida. Estaba lejos de él y tenía la oportunidad de empezar a recuperarme y de intentar reconstruirme poco a poco.

Después de un año, regresé a Mallorca.

Volvía a mi tierra, pero ya no era exactamente la misma persona que se había marchado.

Había vivido muchísimo en muy poco tiempo y todavía me quedaba un largo camino por delante.

Capítulo 12 — Cuando ya no podía conmigo misma

Cuando volví a Mallorca, al principio todo parecía ir bien.

Pero por dentro mis problemas psicológicos fueron empeorando.

Me encontraba muchas veces insoportable incluso para mí misma. Lloraba muchísimo, no quería que nadie me molestara y tenía cambios de ánimo muy fuertes. Pegaba portazos, gritaba a mis padres y muchas veces desaparecía durante días.

Empecé a salir de fiesta cada vez más y también comencé a probar drogas.

Era como si estuviera intentando escapar de mí misma, aunque entonces probablemente no sabía explicarlo de esa manera.

Mi comportamiento cada vez era más difícil de controlar y terminé ingresando varias veces más en psiquiatría.

Con el paso del tiempo, después de aquellos ingresos y de todo lo que había vivido, finalmente llegó un diagnóstico: trastorno límite de la personalidad, TLP.

Para mí fue otra etapa complicada.

De repente había un nombre para muchas cosas que llevaba años viviendo, pero tener un diagnóstico tampoco hizo que todo desapareciera.

Yo seguía teniendo que aprender quién era, qué me estaba pasando y cómo podía empezar a vivir de otra manera.

Mirando atrás, puedo entender que no era simplemente una chica que quería portarse mal o llamar la atención.

Era una persona que llevaba muchísimo dolor dentro y que no sabía cómo manejarlo.

Capítulo 13 — Nueve meses para volver a empezar

Después del diagnóstico, mis problemas psicológicos no desaparecieron. Al contrario: siguieron creciendo, y cada vez con más fuerza.

Llegó un momento en el que me volví adicta a las benzodiacepinas.

Mi vida había llegado a un punto en el que necesitaba parar. Ya no se trataba solamente de lo que había vivido en el pasado, sino de cómo estaba sobreviviendo al presente.

Mi padre y yo hablamos y decidimos que necesitaba ingresar en un centro para poder desintoxicarme.

Y así comenzó otra de las etapas más difíciles de mi vida.

Estuve nueve meses en un centro, intentando dejar las benzodiacepinas y recuperar poco a poco el control sobre mí misma.

Nueve meses pueden parecer mucho tiempo, pero para mí fueron necesarios.

No fue fácil. Tuve que enfrentarme a muchas cosas y aprender a vivir sin aquello de lo que me había vuelto dependiente.

Pero también fue una oportunidad.

Una oportunidad para parar, para intentar recuperarme y para empezar a reconstruir una vida que durante mucho tiempo había sentido que se me escapaba de las manos.

Después de tantos años sobreviviendo a situaciones que no había elegido, por primera vez estaba intentando luchar por mí.

Capítulo 14 — Volver a ser yo

Cuando salí del centro, sentía que era totalmente otra persona.

Mis padres también lo notaron. Me decían que había cambiado muchísimo y que se alegraban de verme así. Incluso me decían que ahora ya se podía hablar conmigo.

Por primera vez en mucho tiempo sentía que podía estar tranquila.

Volví a salir y a disfrutar de la vida, pero esta vez las cosas eran diferentes. Tenía mi casa, tenía mi trabajo, tenía mi dinero y, sobre todo, sentía que tenía mi vida bajo control.

Era feliz.

Después de todo lo que había vivido, había conseguido construir una vida que me gustaba. Había pasado por momentos muy oscuros, pero había conseguido salir adelante.

Durante un tiempo pensé que por fin había encontrado mi tranquilidad.

Hasta que, con los años, conocí a otra persona.

Y, sin saberlo, estaba a punto de comenzar otra etapa de mi vida.

Capítulo 15 — Un encuentro inesperado

A aquella persona la conocí a través de mi trabajo.

Él había entrado nuevo como jefe de cocina. Al principio simplemente era alguien nuevo en mi entorno laboral, una persona con la que coincidía en el trabajo.

Pero realmente fue fuera del hotel donde nos conocimos de verdad.

Un día salimos de fiesta y coincidimos.

No podía imaginar entonces que aquel encuentro iba a cambiar nuevamente mi vida.

Yo venía de una etapa en la que había conseguido recuperar mi estabilidad. Tenía mi casa, mi trabajo, mi dinero y me sentía feliz.

Había aprendido mucho de todo lo que había vivido y pensaba que, después de tantos golpes, por fin podía disfrutar de una vida tranquila.

Pero el amor vuelve a aparecer cuando menos te lo esperas.

Y aquella noche, sin saberlo, estaba empezando una nueva historia.

Capítulo 16 — Pensé que había encontrado el amor

Aquella primera noche fue muy bonita.

Después de todo lo que había vivido, yo pensaba que nunca más volvería a enamorarme. Había aprendido a protegerme y a vivir a mi manera, y no imaginaba que alguien pudiera volver a despertar en mí aquellos sentimientos.

Pero aquella noche conectamos de una manera especial y terminamos juntos.

A partir de entonces empezamos a estar cada vez más unidos, hasta que prácticamente comenzamos a vivir juntos desde el principio.

Yo estaba ilusionada. Sentía que había encontrado a alguien con quien compartir mi vida y pensaba que, después de todo lo que había pasado, quizá por fin había llegado una etapa buena para mí.

Pero aquella felicidad no duró para siempre.

Con el tiempo empezaron los tormentos.

Y aquella historia de amor que había comenzado de una manera tan bonita terminó convirtiéndose en otra de las etapas más difíciles de mi vida.

Capítulo 17 — Cuando empezó a cambiar todo

Al principio todo iba bien.

Pero poco a poco empezaron a aparecer situaciones que fueron cambiando nuestra relación.

Él empezó a pedirme dinero. Me decía que lo necesitaba para sus hijos y yo, confiando en él, se lo iba dejando.

Una vez tras otra.

Yo le daba dinero pensando que me lo devolvería, pero nunca me lo devolvía. Y, aun así, seguía confiando en él.

Con el tiempo empecé a darme cuenta de que me estaba engañando y de que aquella confianza que yo había depositado en él estaba siendo utilizada en mi contra.

Pero lo peor llegó cuando empezó a utilizar mis propios problemas psicológicos para hacerme daño.

Sabía que tenía TLP y empezó a decirme que estaba loca.

Aquellas palabras me hacían muchísimo daño.

Yo había pasado años intentando entenderme a mí misma, había estado ingresada, había luchado contra una adicción y había conseguido reconstruir mi vida.

Y ahora alguien a quien quería utilizaba precisamente aquello que más me dolía para hacerme sentir inferior.

Poco a poco empecé a cuestionarme a mí misma.

¿Y si realmente estaba loca?

¿Y si el problema era yo?

Durante mucho tiempo él consiguió que dudara de mí misma.

Y eso fue solo el principio.

Capítulo 18 — Cuando empecé a dudar de mí misma

Los engaños y el maltrato fueron aumentando poco a poco.

Llegó un momento en el que consiguió hacerme creer que a mí no me quería nadie, que nadie podría quererme con mis problemas y que solamente él sería capaz de aguantarme.

Aquellas palabras fueron entrando dentro de mí hasta hacerme creer que quizá era verdad.

Después comenzó también el maltrato físico.

Y lo más difícil de todo era que, después de hacerme daño, decía que aquello nunca había ocurrido. Me decía que era mentira, que me lo estaba inventando, que todo estaba en mi imaginación y que yo estaba volviéndome loca.

Empecé a dudar de mí misma.

Ya no sabía qué era real y qué no. Llegué a pensar que realmente me estaba volviendo loca.

Mi cabeza estaba completamente agotada.

Llegué a estar tan desesperada que varias veces pensé en quitarme la vida.

Hoy, cuando miro atrás, me duele recordar hasta qué punto llegué a creer que no tenía salida.

Pero había algo que él no consiguió destruir por completo: una parte de mí seguía queriendo vivir.

Aunque entonces yo no pudiera verla, esa parte seguía ahí.

Y algún día iba a encontrar la manera de volver a salir.

Capítulo 19 — El día que conseguí salir

Mis padres nunca quisieron que siguiera con él.

Llegó un momento en el que me pusieron ante una situación muy difícil: o él o mis padres.

Yo estaba atrapada entre el amor, el miedo y una relación que cada vez me hacía más daño.

Hasta que un día volvió a ponerme la mano encima.

En ese momento, un vecino salió a la terraza. Él intentó justificar lo que estaba ocurriendo diciendo que no había quien me aguantara, que yo había salido de fiesta y que estaba descontrolada.

Pero esta vez ocurrió algo diferente.

Conseguí salir de aquella casa y llegar hasta el piso de enfrente, donde yo vivía.

Mi compañera estaba allí.

Ella vio lo que estaba pasando y llamó a la policía.

La policía llegó y se lo llevó detenido.

Yo había conseguido salir.

Después de tanto tiempo sintiéndome atrapada, aquel día di un paso que cambiaría mi vida.

Todavía quedaban muchas cosas por afrontar, pero por primera vez estaba fuera de aquella casa y lejos de él.

Había sobrevivido a otra etapa de mi vida que pensé que nunca conseguiría superar.

Capítulo 20 — No fui capaz de denunciar

Después de aquella noche, me llevaron al médico y después a la comisaría para poner la denuncia.

También vino a verme una psiquiatra de guardia.

Me dijeron que estaba completamente manipulada, que él había conseguido manipularme hasta el punto de hacerme dudar de mí misma y de lo que estaba viviendo.

Pero, aun así, yo no fui capaz de poner la denuncia.

No podía.

Durante mucho tiempo me pregunté por qué no fui capaz de hacerlo. Pero ahora entiendo que cuando llevas tanto tiempo viviendo una situación así, el miedo, la dependencia emocional y la manipulación pueden hacer que tomar una decisión que desde fuera parece sencilla sea tremendamente difícil.

Finalmente, a él lo echaron de la vivienda.

Con el tiempo dejó también el trabajo y se marchó a vivir a otro lugar.

Durante un tiempo no supe absolutamente nada de él.

Pensé que quizá aquella sería la última vez que nuestros caminos se cruzarían.

Pero la historia todavía no había terminado.

Pasó un tiempo y volví a verlo otra vez.

Y con aquel encuentro volvieron también muchas cosas que yo creía que había conseguido dejar atrás.

Capítulo 21 — Esta vez me fui yo

Durante el tiempo que estuve sin verlo, lo pasé muy mal. Llegué a ingresar varias veces en psiquiatría porque emocionalmente estaba completamente desbordada.

Después volví a verlo.

Al principio, todo volvió a ser bonito. Todo parecía perfecto. Era como si los malos momentos nunca hubieran existido.

Pero poco a poco empezaron otra vez las mismas situaciones.

Me hacía gastar dinero en fiestas y yo volvía a entrar en una dinámica que ya conocía.

Hasta que un día ocurrió algo que, aunque pueda parecer pequeño, para mí fue un momento decisivo.

Teníamos que ir a una fiesta y yo quería dormir un poco más. Él me tiró un mechero.

Y después, mirándome a la cara, me dijo que no me había tirado ningún mechero.

Me dijo que era imaginación mía.

Pero esta vez algo había cambiado dentro de mí.

Ya había vivido aquello antes. Ya sabía lo que significaba que alguien hiciera algo y después intentara convencerme de que nunca había ocurrido.

Y entonces pensé: tengo que irme.

Y me fui.

Esta vez no hizo falta que nadie llamara a la policía.

Esta vez fui yo la que tomó la decisión.

Me fui porque empecé a entender que no tenía que demostrarle nada a nadie. No tenía que convencerlo de lo que había hecho. No tenía que esperar a que cambiara.

Simplemente tenía que protegerme.

Y aquella vez, por fin, elegí marcharme.

Capítulo 22 — Elegirme a mí misma

Desde aquel día no he vuelto a verlo.

Él se fue a vivir a Andalucía y yo me quedé en Mallorca.

Pero marcharme no significó que todo terminara de golpe.

He seguido pasando momentos muy malos. He tenido varios ingresos en psiquiatría y momentos en los que llegué a hacer cosas contra mí misma porque sentía que ya no podía más.

A pesar de todo, hoy estoy haciendo algo diferente: estoy yendo a terapia.

Estoy intentando entender todo lo que me ha pasado, aprender a manejar lo que siento y, sobre todo, aprender a vivir sin que otra persona tenga el poder de decidir cuánto valgo.

Porque él todavía intenta entrar en mi vida.

A veces me llama y me dice que va a volver a por sus cosas, que vendrá con su novia o cualquier otra cosa que sabe que puede alterarme.

También sigue diciéndome las mismas cosas de siempre: que nadie me va a querer, que estoy enferma, que voy a quedarme sola toda la vida.

Durante mucho tiempo esas palabras consiguieron hacerme daño.

Pero ahora intento recordar que son sus palabras, no la verdad.

Sí, todavía me hacen daño.

Sí, todavía hay días en los que me cuesta muchísimo.

Y sí, todavía tengo miedo de volver a encontrarme con aquella versión de mí misma que tanto sufrió.

Pero estoy intentando sobrevivir.

Estoy intentando no volver atrás.

Y quizá, después de toda una vida intentando que los demás me quisieran, estoy empezando a aprender algo que nunca me enseñaron:

que yo también merezco quererme y protegerme a mí misma.

Capítulo 23 — Todavía estoy sanando

De momento, todo lo que he conseguido no es una vida perfecta ni una recuperación completa.

He conseguido algo que para mí es mucho más importante: he aprendido a sobrevivir y a pedir ayuda.

Durante muchos años pensé que tenía que aguantarlo todo sola. Me acostumbré a callar, a esconder lo que me pasaba y a intentar seguir adelante aunque por dentro estuviera rota.

Ahora estoy aprendiendo a hacer las cosas de otra manera.

Estoy aprendiendo a pedir ayuda antes de llegar al límite. Antes de hacer una locura. Antes de sentir que ya no puedo más.

Hoy por hoy sigo sanándome.

No estoy recuperada del todo. Todavía tengo días muy difíciles y todavía hay heridas que necesitan tiempo.

Actualmente estoy de baja en el trabajo, porque necesito dedicar tiempo a recuperarme y a cuidar de mí misma.

Pero ya no estoy sola en esto.

Tengo terapeutas que me están ayudando y estoy aprendiendo, poco a poco, a entenderme y a afrontar todo aquello que durante tantos años llevé dentro.

Quizá mi historia no sea todavía una historia de recuperación.

Quizá sea una historia de supervivencia.

Pero hay algo que sí sé:

sigo aquí.

Y mientras siga aquí, todavía puedo seguir sanando, seguir aprendiendo y construir una vida diferente.

No sé cuánto tardaré.

Pero esta vez no quiero correr.

Quiero recuperarme de verdad.

 

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