La Caracola
Luciano tomó la caracola y la llevó a su oído. —¡Mi abuela te h...
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Domingo 21 de junio, solsticio de invierno, luna en cuarto creciente.
He decidido crear este diario para registrar un sueño en particular que se ha venido repitiendo durante los dos últimos meses, siempre con la misma luna. No sé cuál puede ser su significado: Camino de noche por una ciudad vacía. Algunos locales exhiben luces encendidas y puertas abiertas. La lluvia cae suave pero persistente sobre el pavimento que adquiere un brillo aceitoso. No me importa estar empapado, más bien no siento la lluvia sobre mí. Voy cruzando calles, avanzando cuadra tras cuadra hacia ningún lugar. No sé si encontraré a alguien al final de ese viaje que parece durar horas. Ignoro donde está mi destino. Lo más extraño es la sensación de desapego total. Camino sin apuro esperando pacientemente la salida del sol. En algún momento dejará de llover.
Viernes 21 de julio, cuarto creciente.
Nuevamente el mismo sueño: Caminar sin rumbo. Siento que nunca terminaré de recorrer ese lugar. Anduve por la ribera de un río turbio y correntoso. Las luminarias amarillas alumbraban un angosto parque que se extendía a lo largo de ese tramo del río. Un bello puente curvo cruzaba el caudal marrón. En medio de la corriente unos islotes oscuros exhibían arbustos raquíticos. La brisa llevaba las gotas de lluvia sobre mi cara pero en lugar de sentir sus fríos toques me sentía envuelto en una niebla que me anestesiaba. Al cruzar el puente seguí por la costanera vacía, la cual se elevaba en un paso sobre nivel. Desde ahí pude ver una porción de la ciudad iluminada y silenciosa. Quise detenerme pero seguí caminando, descendiendo nuevamente hasta sumergirme en el laberinto de calles vacías. Todavía no amanece.
20 de agosto, cuarto creciente.
La ciudad de mis sueños es enorme. No recuerdo haber pasado dos veces por el mismo lugar. Anoche caminaba por un barrio pobre, pero céntrico. Donde deberían pulular inmigrantes solo había un silencio roto por el monótono sonido de la sempiterna lluvia. La basura acumulada en las veredas me produjo una sensación de nostalgia; como el final de una fiesta. Mi corazón se encogió al ver una caja de cartón envuelta en una bolsa de basura, con una puerta, que alguien había dejado como refugio para algún perro callejero.
Viernes 11 de septiembre, luna nueva
Mi marcha me ha llevado a transitar por veredas pavimentadas de dolor, en el barrio más lúgubre que mis ojos hayan visto. La noche, aparentemente sin luna, descargaba su líquida oscuridad sobre mí. En ese mundo no soy dueño de mis pasos, vago como un fantasma obligado a recorrer los escenarios de su propia miseria. Caminé hasta llegar frente a un gran edificio completamente oscuro, excepto por una habitación en el tercer piso. La gran puerta de acceso estaba abierta invitándome a entrar. Desperté paralizado.
21 de septiembre, equinoccio de primavera, cuarto creciente.
Mi visita a la ciudad fue breve, o quizás mi mente se ha apiadado de mí y me ha hecho olvidar lo soñado. Solo recuerdo que transitaba por un sector con un larguísimo muro a mi izquierda, tras el cual asomaban algunas cruces. La lluvia persistía suave y constante. Algunas luminarias creaban islas de luz anaranjada en el río de oscuridad que era esa calle. A mi derecha una población cubría como musgo la falda de un cerro cuya negra silueta asomaba como un cadáver flotando a la deriva. Tuve una inexplicable sensación de claustrofobia. Al despertar me faltaba el aire.
Los sueños me han dejado una pesadez que me impide salir de casa. Hoy me obligué a caminar para despejar mi mente. Ver gente me animó. Sentir el tímido sol. Escuchar la ciudad viva trajo de vuelta por un momento mi antiguo estado de ánimo. Mi intención era encontrar un café tranquilo, leer algo y luego volver a casa. Al llegar a un pequeño callejón tuve una epifanía: Sentí que la ciudad se detuvo por un momento. Reconocí ese lugar. Lo había visitado en sueños, vacío y silencioso. Solo una persona llamó mi atención: caminaba al final del callejón, con un abrigo largo. Entró en un pequeño bar. Decidí seguirlo y entrar también, pero al llegar descubrí un lugar vacío de clientes. Solo estaba el barman.
22 de septiembre, cuarto creciente.
Estoy en el bar, del callejón. Bebo un vaso de whisky para alivianar la pesadez que se ha instalado en mi corazón. La ciudad está gris, aún no noto la llegada de la primavera. Estoy esperando a ese joven que vestía como yo, no sé por qué, no sé qué le diré si entra por esa puerta.
Anoche soñé nuevamente con la ciudad. La lluvia no ha cesado. Mi andar se ha hecho más rápido, busco algo en la oscuridad ¿una salida, quizás? Quisiera no seguir, pero parece que en ese lugar estoy condenado a caminar sin descanso. Solo se me permite observar: presenciar el frío sin llegar a sentirlo. La llovizna a ratos se transformaba en niebla. Trato de mantener mi calma habitual, mi distancia a las cosas de este mundo, pero siento que mi alma se va vaciando poco a poco. Ya no espero el amanecer.
22 de octubre, luna gibosa creciente
Nunca regresó. Ahora dudo si realmente lo vi. Cada día vuelvo al bar. ¿Es real este callejón? ¿Y este licor que sostengo en mi temblorosa mano? Creo que la gente me evita en la calle. No me preocupa. Tampoco me preocupa que el barman no llegue a su trabajo. Le he dejado el dinero en el mesón. Yo cumplo con mi parte. ¡A la mierda los sueños! Quemaré este diario.
No lo hice. Dormí profundamente pero no he descansado. Me duele terriblemente la cabeza. La ciudad ha vuelto: Caminé con la luna a mis espaldas por calles oscuras, con mi sombra por delante. La lluvia ha decaído dejando algunas gotas aisladas que salpican los charcos. No puedo escribir más.
23 denoviembre,luna creciente
Salí a caminar pero el bar estaba cerrado. La gente ya no puebla las calles y con razón. La ciudad está fría y gris, la primavera ha traído solo decepción. Escribo desde mi habitación y he echado mano a mi reserva de alcohol. Quiero seguir durmiendo. En mi sueño el cielo nocturno se ha despejado. Encontré mi callejón y entré rápidamente al bar, pero todo se volvió difuso, no podría decir si fue realmente un sueño de borracho o un recuerdo.
24 de diciembre, Navidad, luna llena
Las calles están vacías. Salgo a caminar para reponer mi reserva y vuelvo a casa. Me encierro como creo que hace todo el mundo. Mis sueños se difuminan cuando por fin creo que estoy llegando a algún lugar… he visto una tenue luz en el cielo, una chispa de esperanza para mi alma cansada. Al oriente, siempre al oriente. Pronto veré el amanecer.
enero
He caminado horas por la ciudad vacía tratando de regresar. La luna llena está asomando rojiza tras las montañas y un viento cálido ha traído nubes negras que comienzan a descargar una extraña lluvia de verano. Estoy desorientado. Me he refugiado en una panadería, si es necesario pasaré aquí la noche. Los alimentos en las vitrinas aún no se descomponen del todo. Cuando la lluvia acabe, seguiré caminando.
¿febrero?
No hay lugar donde regresar. No me importa. Deambulo por las calles vacías sobreviviendo como una rata. La lluvia de verano no fue breve. No tiene sentido seguir con este diario. Los sueños se han ido. Tengo hambre.
FIN
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