Biografía

El Morral

person José T. Ramírez

El Morral

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quererse a uno mismo y de seguir adelante a pesar de las adversidades. 

Una historia que advierte, que emociona y que recuerda lo que 

realmente vale la pena cuidar en esta vida.

PRÓLOGO

La gente suele pensar que los errores grandes, las malas decisiones y los 

tropiezos graves son cosas que solo le pasan a los jóvenes. Dicen que es 

cuando uno tiene la sangre caliente, que no piensa bien las cosas y no mide 

las consecuencias de lo que hace. Pero mi historia es muy diferente: mi vida 

no se rompió cuando era niño, ni cuando era adolescente y andaba probando 

cosas sin saber lo que hacía.

Todo cambió, de golpe y para siempre, cuando cumplí los 28 años.

A esa edad, uno ya se siente seguro. Cree que ya sabe quién es, que ya tiene 

claro hacia dónde va, que ya recorrió gran parte del camino y que nada le va 

a sorprender de nuevo. Pensaba que ya era un hombre maduro, que ya había 

dejado atrás las locuras y que tenía todo bajo control. Pero justo ahí, cuando 

más confiado me sentía, la vida me puso enfrente una prueba que no estaba 

preparado para enfrentar, y que cambió todo lo que conocía.

No fue una suerte inesperada, ni un ascenso en el trabajo, ni llegó algo 

maravilloso que mejorara mi vida. Al contrario: empezó entonces una carga 

tan pesada, que con el paso del tiempo se convirtió en mi propia sombra, que 

nunca se alejaba dEste libro cuenta cómo, sin darme cuenta ni quererlo, me colgué al hombro 

un morral que pesaba más que mi propia vida. Lo llené de cosas que nunca 

pedí, que no quería cargar, pero que no sabía cómo soltar. Aquí te cuento 

cómo aprendí a llevarlo, y cómo intenté con todas mis fuerzas quitármelo de 

encima para volver a ser yo mismo.

CAPÍTULO 1: LO TENÍA TODO

A los 28 años yo creía que ya tenía la vida resuelta. O al menos, eso era lo que 

sentía cada mañana al despertar. Pensaba que ya había madurado lo 

suficiente, que había dejado atrás las imprudencias de la juventud y que 

había construido algo sólido, algo que valía la pena. Tanto para los demás 

como para mí mismo, parecía un hombre que ya había logrado lo que busca 

la mayoría: tenía estabilidad, sabía hacia dónde iba y, lo más importante de 

todo, tenía mucho amor alrededor.

Mi vida entonces funcionaba como un reloj bien cuidado: no tenía prisas 

locas, pero tampoco me detenía nunca. Tenía un trabajo seguro, el que me 

había enseñado poco a poco, que me daba lo necesario para vivir bien, para 

darles gusto a los míos y para mantener la dignidad que siempre quise tener. 

Me levantaba temprano con ganas, me ponía mi ropa de trabajo o mi 

uniforme, y salía cada mañana sabiendo que lo que hacía servía para algo 

más que solo ganar dinero. Me sentía útil, me sentía valorado. Era el tipo de 

hombre en el que la gente confiaba: mis compañeros sabían que podían 

contar conmigo, mis jefes sabían que no les fallaría, y mi familia sabía que 

siempre estaría ahí.

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