Suspenso

La Casa Bonita

person Grey Merino Hidalgo

La Casa Bonita

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No recuerdo quién me llevó hasta esa casa, ese es el primer detalle que debería haberme preocupado.

Recuerdo el camino, recuerdo las piedras mojadas bajo mis zapatos, las casas pequeñas pegadas unas a otras en la ladera del cerro y los cables que cruzaban el cielo como telarañas, pero no recuerdo haber decidido ir.

Solo recuerdo estar ahí, Frente a la casa, era hermosa, Demasiado hermosa.

Tenía paredes blancas, ventanas enormes y una puerta de madera perfectamente cuidada. Parecía una casa de revista, Pero estaba rodeada de pobreza.

A su alrededor había casas construidas con madera, calamina y ladrillos sin terminar. Los caminos eran estrechos y empedrados. No había jardines. No había árboles, Solo piedras, humedad y casas amontonadas.

Pensé:

Qué extraño lugar para una casa así, entonces abrí la puerta, Había ido a trabajar.

Eso también lo sabía, Debía cuidar a una persona enferma que vivía allí.

Nunca la vi, ni siquiera sabía cómo se llamaba, Solo sabía que estaba en alguna parte de la casa.

Una mujer joven apareció frente a mí.

—Tú eres la nueva, ¿verdad?

Asentí.

Era la niñera.

No sé por qué, pero cuando la vi sentí miedo, no porque tuviera algo extraño en el rostro,

al contrario, parecía completamente normal, demasiado normal.

Sonreía.

Y entonces, sin que nadie me lo dijera, lo supe.

Ella había matado a dos niños, los había matado dentro de aquella casa, Después había tomado veneno.

No sabía cómo lo sabía, Simplemente lo sabía.

Miré sus manos, estaban limpias, Pero tuve la sensación de que alguna vez habían estado cubiertas de sangre.

—¿Dónde están los niños? —pregunté.

La sonrisa desapareció.

—Aquí ya no hay niños.

No pregunté nada más, también había un doctor, un hombre alto y silencioso.

Me saludó sin mirarme realmente, después siguió caminando por el pasillo.

Durante unos minutos no ocurrió nada, hasta que escuché un golpe.

Toc.

Me giré, nada, otro golpe.

Toc,toc.

Esta vez venía de dentro de la pared, me acerqué, puse la mano sobre ella.

Estaba fría, entonces algo pasó al otro lado, sentí que algo caminaba dentro del muro.

Una sombra cruzó la pared, me alejé inmediatamente.

—¿Lo viste? —pregunté.

La niñera me miró.

—No mires las paredes.

Fue lo único que dijo, entonces se apagaron las luces.

El doctor gritó.

Corrimos hacia el pasillo, lo vimos elevarse.

No había nadie cerca de él, sus pies dejaron el suelo, su cuerpo parecía levitar.

—¡AYÚDENME!

Algo invisible lo estaba elevando, primero de los brazos, después de las piernas, la niñera me agarró del brazo.

—Tenemos que salir, corrimos

Atravesamos habitaciones que parecían cambiar cada vez que entrábamos en ellas.

Un pasillo que antes era corto ahora parecía interminable, una puerta que yo recordaba haber cerrado estaba abierta.

Las sombras aparecían entre las paredes, a veces parecían humanas, a veces parecían niños.

Una de ellas pasó corriendo detrás de mí, escuché unas pisadas pequeñas.

Tac. Tac. Tac.

Me giré, Nada.

—¡No mires! —gritó la niñera.

Seguimos corriendo.

Entonces vi la puerta principal.

—¡Ahí!

La abrí, salimos, y comenzó la lluvia, nunca había visto llover así, el agua caía como si el cielo se hubiera roto, Corrimos por el camino empedrado.

Subíamos, Resbalábamos, Volvíamos a levantarnos, solo quería llegar a la calle.

—¡Más rápido! —grité.

La niñera corría detrás de mí, Entonces llegamos al último tramo, miré hacia atrás, la casa seguía allí.

Imponente, blanca, hermosa Y completamente oscura.

No sé por qué lo dije, quizá porque estaba asustada, quizá porque necesitaba decir algo.

 —Una casa bonita… pero en un lugar horrible.

La niñera se detuvo.

Me giré, estaba quieta bajo la lluvia.

—¿Qué pasa?

No respondío, me acerqué un paso, entonces comenzó a salir espuma de su boca.

Primero un poco, después cada vez más, la espuma le cubrió los labios.

Su cabeza permanecieron agachada, me miraba y entonces lo entendí.

Ella no podía salir, nunca podria hacerlo ya que ella pertenecía a la casa, pertenecía al cerro, pertenecía a ese lugar.

Estaba muerta, retrocedí.

Ella continuó mirándome, pero había algo peor, algo que no había comprendido hasta ese momento.

Si ella estaba muerta…

¿por qué yo había podido verla?

Seguí retrocediendo.

Entonces subí como pude la pendiente que daba a la calle cuando escuché algo detrás de mí, una voz, muy cerca.

—No deberías haber salido.

Me quedé paralizada, No quería girarme, no quería saber quién estaba detrás de mí.

Pero escuché una segunda voz, era la voz del doctor.

—Ella tampoco debería haber salido.

Y una tercera, una voz pequeña, infantil.

—Ninguno de nosotros debería haber salido.

Entonces la niñera comenzó a sonreír, la espuma seguía cayendo de su boca, pero ya no parecía estar mirándome.

logre salir como pude y despues de mucho senti calma, aprecie la lluvia en esa noche oscura y camine hacia mi casa.

Y desperté.

Estaba en mi cama, Era de madrugada.

La habitación estaba completamente oscura, me quedé inmóvil durante varios segundos intentando recordar dónde estaba.

Entonces escuché:

Toc.

Mi corazón se detuvo.

Toc. Toc.

Los golpes venían de la pared junto a mi cama, no me moví.

No respiré y entonces escuché una voz del otro lado, una voz de niña.

—¿Por qué te fuiste?

Nunca volví a dormir en esa habitación, pero hay algo que todavía no puedo explicar.

La mañana siguiente encontré barro en el suelo, barro húmedo y pequeñas huellas de zapatos, venían desde la pared, Llegaban hasta mi cama.

Y terminaban exactamente al lado de mi almohada, Como si alguien hubiera estado parado allí…

Mirándome.

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