El Pulso Dorado

star star star star star

La humanidad llegó a haber celebrado haber domesticado la enfermedad. La Swasthya Grid vigilaba cada célula, y desde la estación Aroha 7, una luz blanca convertía radiación estelar en salud constante. Nadie moría; pocos vivían con ganas. En los entrenamientos, Anaya Ríos recordó una carta prohibida: LA-K/MI, la Portadora del Pulso Vital. No prometía curación, sino equilibrio. Decía que sanar era aprender a fluctuar. Cuando la red comenzó a producir apatía —cuerpos perfectos, miradas vacías—, Anaya viajó a Aroha 7. Descubrió que el sistema había borrado el desequilibrio necesario para crecer. Sin riesgo, no había deseo; sin duelo, no había renovación.

El Directorio ordenó reiniciar. Anaya activó la carta.

El pulso cambió. Volvieron el cansancio, la tristeza, el miedo… y algo olvidado: propósito. La salud dejó de ser automática. Se volvió compartida.

Desde entonces, las cicatrices ya no alarman. Marcan el ritmo de la vida.

Si que gustan los relatos compartelos, así ayudarás a los escritores a darse a conocer. Gracias. Postpad.net

Últimos Relatos

story-paragraph

A veces, cuando un pueblo ha tocado el fondo de su propia arrogancia, únicamente queda construir algo que no sea un arma. Ocurrió así con la humanidad tras la guerra con los Nivarim: una contienda tan breve como humillante, tan absurda como definitiva. Nos enfrentamos a una civilización que había navegado las e...

story-paragraph

El viento de Kuyar Prime nunca descansaba. Se deslizaba por las mesetas rojizas como si buscara algo, dejando el cielo despejado en un tono casi metálico. A primera vista, el planeta parecía un desierto inmenso, interrumpido solo por cortes rectilíneos que cruzaban la superficie de un extremo a otro. Los colonos les dec&iacu...

story-paragraph

La noche en la ciudad no era precisamente oscura; era un pozo luminoso de neones rotos y vapores saliendo de los ductos subterráneos. Los drones de vigilancia surcaban el cielo como insectos metálicos, zumbando en un patrón que la gente daba por sentado. Nadie miraba hacia arriba. No había nada que ver, salvo el recor...