Maximiliano Cesar

Terror

¿Quién Eres Tú?

person Maximiliano Cesar

¿Quién Eres Tú?

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Se miraba todas las noches al espejo y formulaba siempre la misma pregunta.

—¿Quién eres tú?

Nunca esperaba una respuesta.

Era un hábito que había nacido en la infancia. Un juego absurdo que sobrevivió al paso de los años, igual que esas viejas supersticiones que uno continúa repitiendo sin recordar por qué.

Con el tiempo, sin embargo, comenzó a notar pequeñas diferencias.

A veces, el reflejo parecía cansado cuando él no lo estaba. Otras, sus ojos permanecían abiertos un instante más después de parpadear. Había noches en que la sonrisa del otro tardaba una fracción de segundo en desaparecer, como si dudara antes de copiar la suya.

Se convenció de que era el cansancio.

La luz.

La imaginación.

Hasta aquella noche.

Frente al espejo volvió a preguntar, casi en un susurro.

—¿Quién eres tú?

Y el hombre del otro lado sonrió.

Él no.

Sintió un vacío helado recorrerle el pecho.

Sus labios permanecían inmóviles, pero aquella sonrisa seguía allí, creciendo lentamente, revelando unos dientes demasiado blancos, demasiado perfectos para pertenecerle.

Retrocedió un paso.

El reflejo no lo hizo.

Continuó observándolo con una calma insoportable.

Después levantó la mano y apoyó la palma contra el cristal.

No produjo ningún sonido.

Ni siquiera el leve golpe que debería haber hecho al tocar el vidrio.

Solo un silencio espeso, como si el espejo hubiera dejado de ser un objeto y se hubiera convertido en una abertura.

Quiso apartar la vista, pero algo lo obligaba a seguir mirando.

Entonces el otro inclinó apenas la cabeza.

Sus labios comenzaron a moverse.

Al principio no salió ningún sonido.

Luego, una voz apagada, distante, como si hablara desde una habitación inundada, atravesó el cristal.

—¿Quién... eres... tú?

El aire se volvió pesado.

La habitación pareció alejarse poco a poco, mientras una escarcha fina cubría el borde del espejo. El frío le mordió las manos. La respiración comenzó a empañar el vidrio... pero solo de su lado.

El otro seguía inmóvil.

Esperando.

Y entonces ocurrió algo que ninguna pesadilla habría podido imaginar.

La figura del espejo dio media vuelta.

No imitó ninguno de sus movimientos.

Simplemente comenzó a caminar hacia la oscuridad que existía detrás del cristal, igual que alguien que abandona una habitación después de haber terminado su trabajo.

Desapareció.

El espejo quedó vacío.

No había reflejo.

No había nadie al otro lado.

Solo el cuarto silencioso... y él contemplando un cristal incapaz de devolverle su imagen.

Por primera vez en su vida comprendió el verdadero sentido de aquella pregunta que había repetido noche tras noche.

Tal vez nunca había sido un juego.

Tal vez, durante todos esos años, no había sido él quien observaba el espejo.

Tal vez era el espejo el que lo había estado observando a él.

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