El Mojón
—¡Ave María purísima! —Sin pecado concebida. —Padre, veng...
arrow_forward LeerEra el día esperado, lo tenían todo preparado para poner fecha al momento más esperado por ambos. Una cena en familia para repartir la invitacion de boda.
Para ellos era su gran momento después de más de un año de relación, pero eran conscientes que para sus familias sería también un momento especial.
Montaron en el coche de Mateo y se aprestaban a dirigirse al restaurante elegido para la ocasión. Una cena para seis comensales: los padres de Mateo, los padres de Sonia y la pareja protagonista.
Era noche cerrada y la carretera BI-375 no estaba en las mejores condiciones para circular con prisas, por lo que Mateo no se atrevía a ir más deprisa de los 60 km/h que recordaban las señales. Y tampoco habia mucho tráfico. De repente, la noche se hizo más oscura.
A la mañana siguiente, Sonia se despertó con un frio poco habitual para la época estival, desnuda y sin recordar ningún detalle de la cena. Mateo estaba completamente dormido a su lado, desnudo y con una expresión tranquila.
Se levantó para preparar café, y mientras gota a gota se iba llenando la jarra, se metió en la ducha para calentarse y recordar qué había ocurrido la noche anterior. Estaba intranquila, pero el agua recorriendo cada una de sus curvas la relajó de tal manera que se olvidó de todas sus preocupaciones, y se dispuso a disfrutar de un día de verano en compañía de su amado.
Mateo seguia en un estado supino de relajación, por lo que Sonia decidió dejarle descansar y, tras ponerse el bikini amarillo que tanto la gustaba y reafirmaba sus curvas y su bronceado, se acercó a la playa que tenian a cinco minutos de casa. Allí, con la tranquilidad que le aportaba el mar, cerró los ojos y se dejó cautivar por los rayos del astro sol.
Abrió los ojos sobresaltada y sudorosa. ¿Que ocurría? ¿Por qué sus padres y sus futuros suegros estaban llorando? ¿Lloraban de alegría o lloraban de tristeza? No habia cogido el móvil, por lo que decidió llamarles en cuanto volviese a casa. Pero primero hablaria con Mateo, para ver si él recordaba lo ocurrido la noche anterior.
A pesar de estar en el mejor lugar del mundo, con la mayor de las tranquilidades y sin ruidos que la molestasen, Sonia no podía relajarse, por lo que decidió volver al hogar y aclarar todo lo que la estaba perturbando. Entró en la habitación y Mateo seguía en la misma posición.
Hizo unas cuantas llamadas con el móvil, pero nadie le respondía. “Qué extraño”se dijo a si misma. Sus padres siempre estaban en casa a esas horas. Mateo seguia inerte, no movia ni un músculo, y presa de preocupación, empezó a zarandearle para despertarle. Nada, y encima estaba frío como un cadáver.
Sonia se recostó nuevamente en la cama, al lado de Mateo, y cerró los ojos. Entonces lo comprendió todo:
La noche anterior, en la carretera BI-375, un vehículo se salió de la calzada por causas desconocidas. Los ocupantes eran dos jóvenes, un varón y una mujer, que fallecieron a consecuencia de las mútiples lesiones sufridas.
Los padres de ambos jóvenes fueron trasladados desde el restaurante hasta el tanatorio de Asua, donde al ver el cádaver de sus hijos rompieron en llanto. Dos vidas jóvenes sesgadas por un accidente de tráfico. Entre los objetos hallados en el vehiculo siniestrado, una invitación de boda.
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