El Último Latido Por María José Luque Fernández
Sonaba insistentemente ese zumbido sordo que emitía el monitor cardíaco al que esta...
arrow_forward LeerEn Santiago, los semáforos no solo regulaban el tráfico, sino el acceso. Cada peatón debía escanear su código personal para cruzar la calle. Julián, programador desempleado, vio cómo su saldo de movilidad bajaba a cero.
Intentó avanzar, pero un dron de vigilancia descendió: "Saldo insuficiente. Adquiera más datos".
Miró los rascacielos de neón, donde ejecutivos flotaban en taxis autónomos. Pensó. Respiró hondo y hackeó su código.
El semáforo cambió a verde. Esta vez, no solo cruzó la calle. Cruzó la línea entre el control y la libertad.
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