La tarde transcurría con normalidad. Me senté en una banca cerca de la calle, esperando que mi hermana saliera de aquella escuela para llevarla a casa.
Me sentía observada.
Ignorando esa sensación, agarré mi celular para distraerme. Me sentía innecesaria en aquella plaza. Me sentía solitaria. Todos, entre murmullos, hablaban de mí. Pero yo, como si fuese solo una brisa, los ignoraba.
Sumergida en mi río de pensamientos, logré ver a mi hermana venir, rápidamente me paré y la llevé a casa, dejando atrás aquella plaza.
Al final de cuentas, era otra estupides.
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