El sol resplandecía sobre el cielo azul. Caminaba hablando de estupideces con mi madre, que sin indignarse mucho, me escuchaba.

Entré al colegio algo dispersa. No iba a ser muy llamativo mi día. Al entrar, busque mi lugar con habitualidad. 

Cuando noté que aquel hombre ocupaba mi lugar, me frustré, 

¿Dónde me iba a sentar? No soy especialmente buena habladora. 

Sin mucho entusiasmo me acerqué a aquel hombre, él alzó la mirada y yo sin siquiera pensarlo lo saludé con una sonrisa, no sé por qué lo hice solamente, me salió.

El también sin mucho interés, me saludó de igual forma y se movió. Me senté nuevamente en mi asiento pero me sentía, extraña...Como una vaca en un ovejero, o un árbol en un pastizal. Incoherente.

Pero seguí mi día, al final. 

Solo era otra maldita estupidez.