Locura, Traición & Muerte: Volumen I

Locura, Traición & Muerte: Volumen I

people Varios Autores · Agencia PostPad.net

star star star star star
5,0
bolt Entrega inmediata
devices Lee en cualquier dispositivo
lock Compra segura
all_inclusive Acceso de por vida
bolt Entrega inmediata Descarga al instante tras tu compra
devices Multi-dispositivo Lee en cualquier pantalla
verified_user Compra segura Pago protegido y encriptado
all_inclusive Acceso de por vida, sin suscripción Tuyo para siempre

Sinopsis

En “Relatos de Locura, Traición y Muerte” encontrarás una serie de relatos que te harán estremecer las entrañas. Este libro es el resultado de la primera convocatoria que como Postpad.net hemos realizado, buscando fomentar la creatividad literaria y brindar a los escritores la oportunidad de compartir sus obras.
Veintiséis autores de distintos lugares de nuestro continente, te llevarán a experimentar la locura, la traición y la muerte como nunca lo habías experimentado antes. Lugares oscuros, maldiciones, recuerdos del pasado que atormentan; las cosas no siempre son lo que parecen. Solo te podemos prometer que no dejarás de leer, y que luego no volverás a ser el mismo, tal vez ya no puedas distinguir cual es la realidad.

Vista previa

Prologo

Memento Mori.

El dolor era punzante e intenso, a tal punto que me sentía mareado y con náuseas. Logré abrir mis ojos lentamente, mientras los masajeaba con la yema de mis dedos. Veía un tanto borroso por efecto de la luminosidad que producía el sol, al reflejarse contra el paisaje desértico que tenía frente a mí. El fuerte dolor en mi cabeza, me hizo llevar las manos a la nuca, y percibí un líquido viscoso. Inmediatamente me di cuenta que era sangre. No estaba fresca, por lo tanto la herida debía tener varias horas. Aunque no era profunda, sentía que el dolor me embriagaba por completo. No recordaba caída o golpe alguno, pero no lograba esclarecer mis pensamientos. La contusión había afectado mi memoria.

Tomé un respiro, y me incorporé tambaleante. Me encontraba en la mitad de un paraje desértico, con alguno que otro matorral espinoso. A mi espalda, lograba percibir una cadena de colinas y quebradas, con hendiduras tipo cuevas. En ese instante surgieron imágenes borrosas, como recuerdos de un mal sueño; una caverna, una especie de Gorgona, una hoguera, un ritual, brujos y brujas con máscaras de animales, una orgía y un gran festín. ¿Qué significaban estas imágenes? ¿Eran parte de un sueño o tal vez una alucinación? Traté de recordar, pero el fuerte dolor no dejaba enfocarme. El sol se encontraba casi llegando al cénit. ¿Cuánto tiempo había estado inconsciente?

Me llevé las manos al bolsillo interior de mi chaqueta, porque sentía un bulto que se me incrustaba en las costillas. Palpé algo inusual, como liso, pero a la vez rugoso. Al verlo se me produjo un escalofrío en todo el cuerpo. Lo que tenía conmigo era un trozo de lo que parecía ser un hueso de forma plana y triangular. Tenía dos caras, tres bordes y tres ángulos. Había reprobado biología en dos ocasiones, por lo que mi conocimiento de anatomía no era el mejor, pero podía intuir que el hueso era humano y más precisamente, la escápula de un niño. Tenía un color entre amarillo y blanquecino, sin rastros de carne o sangre, como si tuviese años. ¿Por qué cargaba un hueso conmigo? Lo guardé en el mismo bolsillo y revisé entre mis ropas en busca de mis pertenencias. Tenía unas llaves de lo que parecía ser la habitación de un hotel, mis documentos y algo de dinero. Entonces caí en cuenta, de que no tenía mi teléfono celular.

Miré alrededor en busca de mis huellas con el objetivo de volver sobre mis pasos. No obstante, no encontré huella alguna. ¿Cómo había llegado a este lugar entonces? Decidí caminar en sentido contrario a las colinas que divisaba a lo lejos. Inicié mi andar, mientras sentía la boca seca por la sed y el estómago vacío por el hambre. Sentía que no comía hace días. Caminé por lo que deduje fueron un par de horas, totalmente desorientado, pero con la convicción de que debía llegar a algún lugar. No podía estar lejos de algún poblado, de lo contrario, ¿cómo podía explicar mi presencia en aquel paraje? 

Estaba muy desconcertado y las piernas me flaqueaban mientras caminaba. Me sentía famélico y a ratos casi a punto de perder mi consciencia. Por momentos creía firmemente que iba a caer muerto en aquel lugar, y el calor y la deshidratación estaban surtiendo efecto. Comenzaba a ver cosas que suponía no debían estar ahí. A solo unos metros, se alzaban dos grandes figuras que describiría como grandes culebrones, que se arrastraban por el suelo de forma rítmica, como entrelazados en una danza erótica. La imagen de aquellas criaturas revolvía imágenes en mi cabeza, que se venían a mi consciente como flashes de recuerdos de la noche anterior, y aunque hacía esfuerzos por tratar de unir las piezas de aquel rompecabezas mental, no lograba hilar las imágenes para darle coherencia y recordar lo sucedido la noche anterior. Sin embargo, una de las imágenes se mantuvo más nítida que las otras. La imagen en cuestión era la mujer que había estado investigando durante la semana recién pasada, a quien veía entrar a una cueva que se abría en una ladera de quebrada, flanqueada por dos grandes arbustos espinosos que se convierten en culebrones. Aquella mujer, con la cual había pasado unas noches de inimaginable erotismo, era la que me había llevado a perderme en las montañas cercanas a Salamanca.  Aquella mujer que según decían en el pueblo, era una sacerdotisa de un culto a Asmodeo que mantenía cautivos a los ciudadanos del poblado. Aquella mujer, que según mi investigación, podría ser la última Gran Maestre de aquel antiguo culto. Aquella mujer, que ha estado en mis sueños desde hace meses.

El dolor se hacía cada vez más agudo y se concentraba ahora en mi pecho. Me llevé mi mano derecha hacia mi corazón para casi perder mi cordura. Al palpar mi pecho, sentí un dolor que no puedo describir en palabras, pero el asombro fue aún mayor, cuando abrí mi camisa para revisar la contusión. Lo que descubrí, no tiene explicación racional ni lógica alguna. En el costado izquierdo de mi pecho, se observaba una enorme cicatriz circular del tamaño de un puño de un color negruzco. Sus bordes eran irregulares y parecía ser reciente. Estaba cerrada con lo que a primera impresión, era hilo negro de coser. Al examinar con cuidado la cicatriz, noté con terrible certeza que algo no estaba bien. Efectivamente algo no estaba, algo faltaba allí. Me di cuenta que no oía los latidos de mi corazón, porque lo que faltaba, era precisamente eso. Mi corazón. Me desplomé como un cuerpo inerte y mi cuerpo vacío se azotó completo contra el suelo. Ya casi sin fuerzas, me arrastré hasta una pira de piedras irregulares. Deposité mi frágil espalda en contra de la roca más grande. Mi pecho no hacía más que emitir un dolor punzante que amenazaba con desquiciarme en segundo que se tornaban eones. Sabiendo que no me quedaba mucho tiempo antes de perder la consciencia, destiné unos minutos en volver a reordenar mis recuerdos y me di cuenta que mi vida, no había sido nada más que una recopilación de relatos de locura, amor y muerte, con suerte, una mala novela de ficción de los años veinte.

Auné fuerzas y me puse de pie, sin saber que sería mi última vez. Tras cada paso que daba, sentía como la vida se esfumaba de mi cuerpo. Divagué por pensamientos sin sentidos, por arenas de recuerdos olvidados y emociones profanas que no pertenecen al hombre. Perdí la noción del tiempo, mientras el cielo se tornaba rojizo al horizonte. Antes de caer al suelo y desmayarme, dediqué mi último pensamiento para recordar las palabras favoritas de mi profesor del Instituto de Psicología Paranormal de Buenos Aires, el Dr. Andreuchi: "Memento Mori"; recuerda que todos vamos a morir.

Alesario

Disponible ahora

Locura, Traición & Muerte: Volumen I

Consigue tu copia digital y sumérgete en la historia

shopping_cart Comprar ahora