El día era uno de esos extraños días, estaba completa pero sentía que algo sucedería, no sé qué podría ser.
Caminé hasta la tienda para imprimir unas copias para mi clase. Noté en la vitrina unas lapiceras, también las compré.
Salí algo apurada de la tienda. Faltaba un minuto para que el cole abriera. Caminé rápidamente, como vi que no llegaría a tiempo, tomé un atajo.
Me arrepentí de aquel atajo.
La calle estaba solitaria y había un grupo de personas fumando.
Hombres.
Caminé rápidamente. Me puse mis auriculares para borrar el sonido pero el olor a cigarrillos andaba a mi alrededor, caminé con rapidez, por miedo.
¿Miedo a qué?
Cuando logré cruzar esa calle, llegué al colegio, el corazón me latía. Sudaba, pues había caminado rápido bajo el sol, si corría. No sabría qué habría pasado.
Me senté en mi asiento y dejé mis cosas, caminé hasta el baño y miré el espejo, estaba sudada y despeinada, como si una ráfaga de viento me hubiera atacado. Me peiné y seguí con mi día, volví a clases.
En clases no vi a aquel hombre, no lo sentía necesario. Estuve nerviosa durante las clases, las cosas se me caían, como si mis manos vibrasen en cada cosa que tocaba.
A la salida, hablaba con mi amiga sin esperar nada, miré a un lado y luego hacia adelante, como si algo me tirase y lo vi. Ambos nos miramos, él me estaba mirando. Ambos quedamos unos segundos, como esperando a que uno corte esa mirada, él desvió la mirada. Yo también.
¿Habrá sido otra estupidez? Seguramente.
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