Con mi grupo salía al patio sin mucho entusiasmo.

 

¿Por qué lo tendría?

 

Caminamos hacia el portón gris y frío, para charlar ,un tiempo.

 

Caminé a su lado como si no existiera. Aquel hombre, ni me miraba, seguramente, pero por alguna razón mis mariposas querían volar hacia él. Yo las agarré y las escondí en mis bolsillos, para borrar todo rastro de ellas.

 

Cuando llegamos al portón, hablamos de cualquier cosa. Noté que unas chicas se fueron de un lugar para sentarse, rápidamente le di la idea a mi amiga y fuimos corriendo hacia esos lugares.

Me senté como si fuese lo habitual y busqué mi celular para usarlo, alcé la mirada y aquel hombre estaba con la vista directa hacia mí.

 

¿Habrá disociado conmigo?

 

No lo sabía, nerviosa sostuve mi celular e intenté tener una conversación con mi amiga para evitar tal momento.

 

No funcionó.

 

Lo volví a mirar y volvimos a conectar miradas, como si algo de nosotros tirase cuando nos miramos.

 

¿Será el famoso hilo rojo?

 

No creo. El recreo terminó.

Volví al salón e ignoré lo vivido, quizás, era otra estupidez.